DMM Fluke en la Antártida

Los astrónomos de la universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW), en Australia, llevan trabajando en el interior de la Antártida desde 1996. En colaboración con otros astrónomos de Francia, Italia y Estados Unidos, buscan la ubicación perfecta para la nueva generación de telescopios para el espacio lejano.

La mayoría de las bases científicas establecidas en la Antártida se encuentran cerca de la costa. Muy pocas se ubican en el interior, debido a la elevada altura, la uniformidad del terreno y la dificultad para llegar. Durante el invierno, en el que no sale el sol, las temperaturas en el interior alcanzan o superan los -80 °C.

Sin embargo, de cara a "ver", desde el punto de vista astronómico, el interior de la Antártida, la ubicación es ideal. De hecho, los astrónomos australianos han demostrado con éxito que la ubicación elegida, a 1.000 km de la costa, tiene condiciones para la observación casi tan buenas como el telescopio en órbita Hubble. El sitio se encuentra a 75 grados latitud sur y 3.260 metros sobre el nivel del mar. Un conjunto de edificios con formas extrañas aloja la nueva era de la astronomía terrestre.

Multímetros para la instalación y el mantenimiento

Dado que los astrónomos solo pueden acceder al interior de la Antártida en verano, el equipo telescópico automatizado debe funcionar de forma autónoma durante el resto del año y producir mediciones precisas de manera fiable. Este equipo se compone de diversos dispositivos electrónicos digitales y analógicos diseñados específicamente para soportar las temperaturas invernales extremas y variables.

Una parte clave del kit de herramientas utilizado para instalar y mantener estos sistemas electrónicos ha sido el multímetro digital (DMM) 189 de Fluke.

Durante la breve visita veraniega, los astrónomos confían en el dispositivo 189 de Fluke para poner al día sus instrumentos y reparar cualquier fallo que se haya producido durante el invierno. Después, dejan varios DMM 189 en el sitio para que realicen un seguimiento de las operaciones durante su ausencia.

Equipo y operaciones difíciles

Para evaluar el potencial de la ubicación a largo plazo, el equipo del Polo Sur ha instalado dos telescopios robotizados de 70 kg cada uno. Los motores utilizan combustible para generar energía eléctrica y el sistema funciona con un controlador de microprocesador. En general, los dispositivos electrónicos apenas consumen 20 vatios. Puesto que no hay calefacción, los sistemas funcionan a unas temperaturas ambiente de hasta -80 °C.

El espectrómetro de fibra óptica para la Antártida diseñado en la UNSW apunta a estrellas brillantes, planetas y la luna, y envía la luz a dos haces de fibra óptica. La señal del espectrómetro, medida con una cámara CCD, indica la transparencia de la atmósfera de la Tierra desde las longitudes de onda ultravioletas hasta el rojo visible.

El monitor de movimiento de imagen diferencial de la Antártida es un telescopio basado en óptica de 35,56 cm, que se usa para medir la vista astronómica del espectro visible, es decir, la cantidad de turbulencias atmosféricas que afectan a la calidad de las imágenes. Este sistema se desarrolló en la Universidad Nacional Australiana en la capital, Canberra.

En el futuro, el sitio podría acoger nuevos telescópicos astronómicos principales, con un diámetro de entre 2 y 100 metros. Fabricar un gran telescopio terrestre en la Antártida resulta mucho menos costoso que el desembolso de 3.500 millones de USD del Hubble.

Procedimientos de prueba

Durante los viajes a la Antártida de cada verano, los investigadores usan los DMM para probar y configurar los instrumentos astronómicos, y ofrecer soporte a los sistemas eléctricos y electrónicos. Por lo general, este trabajo implica realizar mediciones de la tensión, resistencia y temperatura. Los multímetros digitales responden plenamente con temperaturas ambientales exteriores de entre -30 y -40 ºC, o de unos 10 ºC para entornos de interior.

Según Michael Ashley, uno de los astrónomos del proyecto, el equipo eligió el DMM 189 de Fluke por sus características y prestaciones, incluidas la precisión básica, la pantalla doble, el amplio rango de mediciones y el registro autónomo. Los astrónomos utilizan a menudo las funciones de registro de datos y cálculo de valores promedio. La posibilidad de configurar el instrumento para que recopile datos durante varias horas sin tener que supervisarlo supone una gran ventaja para Ashley.

El equipo mantiene un DMM 189 en el Polo Sur a lo largo de todo el año. Incluso tras soportar temperaturas de -80 °C. "Sigue funcionando bien cuando volvemos cada verano", afirma Ashley.

El equipo también usó dos DMM 189 para registrar el rendimiento de las baterías de gel durante el desarrollo del equipo original. "Un DMM registró la corriente de carga y descarga de la batería, mientras que el otro registró la tensión de la batería. Después realizamos una serie de mediciones durante varias semanas manteniendo las baterías a varias temperaturas de entre 20 y -60 °C. Los datos registrados por los dispositivos 189 se descargaron a un ordenador para la creación de gráficos y análisis", explica Ashley.

"La experiencia nos ha enseñado que los multímetros baratos son susceptibles a las interferencias de radiofrecuencia si se utilizan, por ejemplo, junto a fuentes de alimentación conmutadas. Por tanto, la precisión se ve afectada y la duración de la batería reducida, además de otros problemas de visualización de la pantalla".

"Necesitamos instrumentos que funcionen y que nos garanticen los resultados. A este respecto, nunca hemos tenido problemas con los instrumentos Fluke".